
Se puede decir que este tema nacio ha acompañado a los seres humanos en su proceso evolutivo. Hasta se podria pensar desde los homonidios que habitaron en el Gran valle de Rif hace 36 millones de años hasta el actual homo sapiens 1, puede ser que las consecuencias de estas calamidades, como son la desnutricion que esta acompañada en muchisisimas veces de la muerte hayan sido vistas de manera tan natural por las personas como la vida misma.Talvez esta sea la razon por la que hasta en el siglo XIX y para ser un poco mas preciso hasta 1865, se documento por primera vez la descripción clinica de lo que ahora se conoce como la desnutrición.Proteico-energetico.
De este hallazgo se dio lugar a que la enfermedad fuese redescubierta y descrita exitosamente en lengua inglesa en 1933.Un año despues de creada en 1949 la organizacion mundial de la salud (OMS).
Aunque la información documental acerca de estas enfermedades ha llegado a nosotros de manera incidental y dispersa, en la historia de la humanidad hay información acerca de las consecuencias de los brotes epidémicos de hambre insatisfecha en grupos humanos implicados en conflictos bélicos y en catástrofes climáticas. El vínculo entre el hambre, la enfermedad y la muerte es referido desde tiempos pretéritos.
A pesar de que las evidencias históricas y el razonamiento conducen a pensar que la desnutrición ha sido ancestralmente un problema de salud de carácter colectivo, parece extraño que por siglos nadie se ocupó de hacer su descripción clínica. Es posible que la aparente indiferencia con la que secularmente se miró esta enfermedad, haya sido por la impotencia para actuar sobre ella; es precisamente ante circunstancias irremediables que el hombre adopta una postura de resignación, para contemplar algunos hechos biológicos de manera tan natural como la muerte misma. Con esta orientación Cuánta semejanza hay entre el contenido de estas breves líneas y la aparente actitud de indiferencia con la que por siglos más de la mitad de la población del mundo ha contemplado las enfermedades y la muerte como fenómenos naturales; tal parece que se aceptan estos hechos biológicos con sereno sometimiento. Con esta actitud de sumisa subordinación al orden que prevalece en el caos de la marginación en que vive esta población, hombres y mujeres consideran la desnutrición y la muerte como hechos naturales e irremediables. Es en este contexto, de resignación, que es preciso reflexionar acerca de la perenne convivencia del hombre con esta enfermedad.
Aunque por razones biológicas los niños son los que con mayor frecuencia se ven afectados por la desnutrición, es curioso constatar que desde el siglo XVII d. C. –cuando Soranio acuñó el término de marasmos para calificar a los niños afectados por adelgazamiento extremo y progresivo, hasta el siglo pasado, fueron pocos los médicos que se ocuparon de hacer mención de esta enfermedad como causa de muerte, y cuando lo hicieron fue para señalar sólo algunos de los factores asociados a la desnutrición.
Había pues una clara percepción del origen social de la enfermedad y de sus consecuencias somáticas a largo plazo; sin embargo, era evidente que la imagen clínica que se tenía de ella aún era confusa, aunque se hubiesen identificado ya algunas de sus características clínicas y de su efecto sobre el crecimiento corporal de los niños. Frente a esta limitada definición de la enfermedad, adquiere particular relevancia el hallazgo incidental hecho por Frenk, de un artículo publicado por Hinojosa 9 en enero de 1865, en el volumen primero de la Gaceta Médica de México. Este informe hace referencia a una enfermedad calificada por el autor como desconocida y que se presentó en un pequeño pueblo que colindaba con el poblado de San Angel, que ahora es parte de la Delegación Alvaro Obregón en la Ciudad de México. La esmerada descripción que Hinojosa hace de las manifestaciones clínicas de la desnutrición, coincide cabalmente con el informe publicado por Cicely Williams 10 en 1933, acerca de una enfermedad asociada al consumo de una dieta a base de maíz, en los niños de la Costa de Oro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario