Lo que yo deseo es invocar una visión y a la vez un desafío para la comunidad mundial. La visión es un mundo en el que todos los hombres, mujeres y niños tengan la seguridad de recibir los alimentos que necesitan para estar bien alimentados y sanos, a fin de poder desarrollar toda su capacidad potencial. El desafío es hacer esa visión una realidad.No todas las personas tienen acceso a alimentos suficientes en todo momento. Aunque se han realizado progresos importantes en la lucha contra el hambre, el número de personas en el mundo que sufren desnutrición crónica y no pueden cubrir sus necesidades básicas diarias de energía para llevar una vida activa y saludable es todavía inaceptablemente alto. Al comienzo del tercer milenio, no padecer hambre sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar para 820 millones de personas y continúa frenando el desarrollo socioeconómico de muchas naciones.
El hambre y la malnutrición, así como los principales indicadores de la pobreza, están reduciendo mediante el acceso al empleo, a la educación, a los servicios de salud, al saneamiento, al agua potable y a una vivienda segura. Y todos estos elementos, a su vez, influyen en la seguridad alimentaria y el estado nutricional de las personas.
La mejora de las condiciones de vida es muy alentadora. Ello constituye una prueba fehaciente de que tenemos los instrumentos y la capacidad para afrontar y superar las causas principales del hambre y la malnutrición. Por supuesto se prevé que las tendencias positivas continuarán. Pero ¿continuarán a un ritmo suficiente para mejorar aún más las condiciones de la población actual y facilitar los medios adecuados a las generaciones futuras? ¿Se producirán otras mejoras con la suficiente rapidez para aliviar los inmensos sufrimientos de los millones de hombres, mujeres y niños afligidos por el hambre crónica y la malnutrición?
Mi ardiente deseo es responder "sí" a esas preguntas. Sin embargo, sabemos que el ritmo actual de avance en la reducción del número de personas desnutridas no es suficiente ni siquiera para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de reducir a la mitad como mínimo el número de personas desnutridas para el año 2015, por no hablar de superarlo. Es evidente que tenemos que hacer mucho más y que no hay tiempo que perder si queremos conseguir que la visión de un mundo sin hambre se haga realidad.
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