RUSSELL:
Russell (1995) ha tenido mucha fortuna con el uso de la terminología en este terreno; no sólo describió la bulimia en 1979, reconocida rápidamente como cuadro clínico, ”hermana bastarda” de la anorexia, sino que también acuñó la expresión “Pato plastia Social”, recuperando así un viejo término médico que hace referencia a la forma de expresarse clínicamente una enfermedad, para aplicarlo a los trastornos alimentarios. Como otros autores, consideraba estos trastornos patologías multicausales que se desarrollan en sus formas actuales modeladas por la presión social o cultura de la delgadez.
La moda de la delgadez femenina y de una figura ideal propia de la primera etapa de la adolescencia fue propuesta en la década de los sesenta. Se ha mantenido casi cuarenta años con muy pocas variaciones. Se transformó en una obligación para multitud de mujeres que la hacían suya desde la pubertad con el declarado propósito de no cambiar y no adquirir un cuerpo plenamente adulto. Como en cualquier moda, no se planteaban limitaciones en lo referente a la constitución física de las afectadas, a su edad o condición social. La delgadez se hizo sinónimo de éxito, voluntad y popularidad. Las modelos de alta costura (y sus desfiles) se han hecho populares. A ellas se añaden actrices, presentadoras de televisión, modelos de publicidad, etc., todas ellas muy delgadas. Han llegado a ser “modelos” de identificación para innumerables niñas, adolescentes y, en general, menores.
Como señala Toro (1996), la existencia de poderosos medios de comunicación, que llegan a casi todos los rincones del planeta, y, con ellos, la publicidad amplifica el proceso. La industria adelgazante se extiende más allá de la moda; a ésta se incorporan los gimnasios, numerosos productos de farmacia, ciertas formas de dietética más o menos científicas y la cirugía estética.
Causa o consecuencia de ello es que una parte significativa de la población adolescente femenina presenta insatisfacción corporal la cual se acentúa en períodos de malestar emocional y está dispuesta a realizar, y de hecho realiza, conductas de riesgo (dietas, vómitos, ejercicio excesivo) para adelgazar e intentar estar mejor con ellas mismas.
La población preadolescente y adolescente femenina es la más sensible al mensaje adelgazante; inmersas en un proceso de cambio personal que afecta a su físico, pero también a su organización interna, son un mercado no despreciable. Las revistas que leen, los programas que siguen, los sitios de internet que buscan están repletos de propaganda pro anoréxia.
Enferma casi el 5% de las chicas, la mayoría con cuadros parciales de buen pronóstico si se tratan adecuadamente. La población femenina de riesgo, la que desarrolla conductas peligrosas, se siente insatisfecha con su cuerpo y tiene obsesión por adelgazar supera el 14% (no se incluye a las enfermas).
La alarma social y familiar está justificada.
Pero otras personas sufren la necesidad y están obligadas a pasar hambre por la falta de presupuestos que su s familias sufren claro no solo son ellas si no toda la población, esto fue lo que quiso mostrar el autor RUSSELL.
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